Este viernes, 13 de febrero, se celebra el Día Mundial de la Radio. Y en una jornada para reivindicar la magia de las ondas, hay una historia con sello navarro que merece ser contada. La de Alberto Lezaun, nacido en Javier, que cada mañana despierta a más de 240.000 oyentes al frente de Café Olé, el morning show de Radiolé que triunfa en Andalucía… y más allá.
Sí, un navarro poniendo banda sonora flamenca y rumbera a media España. Y funcionando.
Lezaun desembarcó en Radiolé tras una trayectoria forjada a base de micrófono y constancia. Antes pasaron por su currículum emisoras como Trak FM, Punto Radio, Rock FM, Kiss FM o Cadena Dial. Desde hace un año y medio lidera Café Olé, uno de los programas más populares de la radio musical en el sur, acompañado por voces tan reconocibles como La Húngara, Lucrecia o Sylvia Pantoja. La clave: la participación constante de los oyentes y una energía contagiosa que se nota al otro lado del transistor.
La última oleada del EGM lo confirma: el programa ha crecido un 20% en audiencia. Una apuesta fuerte del grupo PRISA que rompía moldes. “Soy navarro, no soy el perfil que se puede imaginar para presentar este programa”, reconoce entre risas. “Pero ha salido bien. A la audiencia le ha gustado el cambio. Estamos haciendo un programa muy chulo”.
El contraste geográfico es, precisamente, uno de los ingredientes del éxito. “Jugamos mucho con eso, a los oyentes les hace gracia. Radiolé tiene ese estigma de radio sureña, pero ponemos a Estopa, Melendi, Manuel Carrasco… Es música para todo el mundo. Hay que romper prejuicios”, explica.
De Javier al micrófono nacional
La historia de Lezaun es la de alguien que tuvo claro desde muy joven que lo suyo era la radio. “Desde los 14 años hacía mis propios programas como aficionado. Era muy friki”, recuerda con cariño. Visitaba emisoras, observaba a profesionales como Pilar León en LOS40 o Rudy Goroskieta en Cadena 100, y soñaba con estar al otro lado del cristal.
En la universidad dio el salto profesional. Trabajó en Punto Radio y, tras su cierre en plena crisis de 2008, decidió no rendirse. Montó su propia emisora local. “Iba por las tiendas y los bares convenciendo a los propietarios para que pusieran publicidad. Era durísimo, pero había poco trabajo y había que sacarse las castañas del fuego”.
También guarda un recuerdo especial de su etapa en Navarra Televisión —entonces Canal 6—, donde realizó prácticas y trabajó durante un año junto a Roberto Cámara y su equipo. “Fue una época muy bonita. Me enseñó a luchar y a salir adelante en una profesión complicada”.
La radio de siempre, la radio que emociona
En tiempos de pódcast y consumo a la carta, Lezaun reivindica la esencia clásica del medio. “He vuelto a esa radio de antes, de descolgar el teléfono y meter al oyente en antena. Esa radio en la que creas un vínculo muy especial”.
Durante cinco horas diarias transmite —y siente— la alegría que define a Radiolé. “Siempre se ha dicho que es la radio de la alegría y ese espíritu lo vivimos todos los días. Los oyentes se sienten parte de la familia. Me mandan felicitaciones de Navidad, aceite de Jaén, butifarras de Cataluña… Son muy agradecidos. Somos una familia muy grande”.
En el Día Mundial de la Radio, la historia de Alberto Lezaun es también la historia de un medio que sigue vivo gracias a voces que acompañan, escuchan y emocionan. Desde Javier hasta Andalucía, pasando por Pamplona, demuestra que las ondas no entienden de fronteras.
Y que la radio, cuando se hace con pasión, suena igual de bien en cualquier rincón.






