Casi el 66% de las trabajadoras migrantes del hogar y los cuidados ha estado expuesta a alguna forma de discriminación racial. Lo certifica el informe anual 2025 de la Federación SOS Racismo, presentado este martes en la Comisión de Presidencia e Igualdad del Parlamento de Navarra, donde representantes de la organización expusieron también el primer año de funcionamiento de su Casa de Acogida para mujeres migrantes en Berriozar, en una cna comparecencia impulsada conjuntamente por EH Bildu, PSN, Geroa Bai y Contigo-Zurekin.
Un sector feminizado, racializado y sin protección real
Cecilia Themme, coordinadora del informe e investigadora principal de la Federación SOS Racismo, presentó los datos de un estudio realizado con 431 personas en seis comunidades autónomas —entre ellas Navarra— a través de 366 encuestas y 65 entrevistas en profundidad.
El retrato que emerge es el de un sector estructuralmente desprotegido. El 50,5% de las trabajadoras encuestadas afirma haber sufrido discriminación racial en primera persona; el 15% ha sido testigo de actos racistas hacia compañeras. Entre los motivos de discriminación más frecuentes aparecen el origen nacional (30,7%), la falta de documentación (26%) y el color de piel (casi el 13%).
El racismo no siempre es explícito. Themme distinguió entre sus formas visibles —insultos, humillaciones, burlas por el acento o la piel— y las invisibles: diferencias salariales según el origen, contratos verbales sin garantías, jornadas sin compensación, negación de vacaciones o de baja médica, o la prohibición de empadronarse en el domicilio donde se trabaja y se reside. "Tú no tienes ningún derecho en este país", ejemplificó, es una frase que aparece de forma recurrente en los relatos.
La persona empleadora, principal agente de discriminación
El informe señala que el 51% de las trabajadoras identifica a la persona empleadora como el principal agente discriminador. Los propios intermediarios laborales lo confirman: el 85% conoce incidentes racistas, ya sea de manera directa o por terceras personas, lo que apunta, según SOS Racismo, a una normalización de estas prácticas en el entorno laboral doméstico.
El daño no queda en lo laboral. Más de la mitad de las trabajadoras, un 52%, ha experimentado sufrimiento psicoemocional derivado de estas situaciones: estrés, ansiedad, depresión y agotamiento físico que recae con especial crudeza sobre quienes trabajan en régimen interno, atadas al mismo domicilio donde duermen y trabajan.
El silencio como estrategia de supervivencia
Uno de los hallazgos más perturbadores del informe es la magnitud de la infradenuncia. El 63,8% de las trabajadoras encuestadas no denuncia. Aguantar es la palabra que más se repite. "Resistir en silencio, soportar el abuso por miedo a perder el empleo o quedarse sin vivienda", describió Teme. Solo el 16,6% habla directamente con la persona empleadora. Recurrir a instituciones es, para la mayoría, algo que ni siquiera se contempla.
La Casa de Acogida de Berriozar: ocho plazas para romper la dependencia
Marta de Castro, responsable del proyecto, explicó el funcionamiento de la Casa de Acogida para mujeres migrantes trabajadoras del hogar, que lleva en marcha dos años en Berriozar con el respaldo del INAI y el Ayuntamiento local. Cuenta con ocho plazas —"somos conscientes de que son pocas", admitió— donde las mujeres pueden permanecer hasta un año con acompañamiento individualizado en materia de empleo, salud, formación y recuperación personal.
El proyecto atiende tanto a trabajadoras externas como internas. "Cuando el trabajo y la vivienda van de la mano, denunciar el abuso es mucho más difícil", señaló De Castro. El 100% de las mujeres que acceden al recurso han sufrido en algún momento algún tipo de violación de sus derechos, ya sea física, psicológica, sexual o económica.
Una de las dificultades más concretas que describió es la burocracia para homologar títulos universitarios obtenidos en el país de origen. Muchas de las residentes cuentan con estudios superiores, pero el proceso de reconocimiento es tan largo que en ocasiones resulta más viable que vuelvan a estudiar la carrera desde cero.
Propuestas al Parlamento
SOS Racismo trasladó a los grupos parlamentarios un conjunto de demandas concretas: un plan específico de inspección laboral en el sector, financiación estable de acompañamiento jurídico y psicológico, formación antirracista obligatoria para el personal de dependencia, precontratos reales a través del Servicio Navarro de Empleo para evitar promesas fraudulentas, y medidas de acceso a la vivienda frente a la discriminación interseccional por género y racialización.
Los grupos parlamentarios presentes valoraron positivamente la comparecencia. La diputada del PSN, Arantxa Biurrun, recordó la existencia de la oficina del INAI para asesoría laboral de empleadas de hogar y preguntó por la coordinación con SOS Racismo.
Desde EH Bildu Ohiana Gallo subrayó la responsabilidad pública ante una situación que, dijeron, "no puede seguir silenciándose", y se planteó la posibilidad de consolidar la partida presupuestaria de la Casa de Acogida para años sucesivos y valorar su extensión a otros municipios de Navarra.







