La enfermedad de párkinson cuyo Día Mundial se conmemora el próximo sábado, 11 de abril, es un trastorno neurológico progresivo y degenerativo que, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), afecta a alrededor de 200.000 personas en nuestro país y cuya incidencia aumenta con la edad: el 2% de la población de más de 65 años y el 4% de más de 80 padecen esta enfermedad.
Aunque no se conoce exactamente la causa, sí se sabe que el párkinson daña las áreas del sistema nervioso encargadas de la actividad, los movimientos o el tono muscular del cuerpo, lo que lleva a la aparición de síntomas tan característicos como temblores en alguna extremidad mientras se está en reposo, rigidez en los músculos y lentitud de movimientos. “No necesariamente aparecen todos a la vez, por lo que, si observáramos uno o varios de ellos e, debemos consultar al médico”, recomienda Alicia López de Ocáriz, directora médica de Cinfa.
En general, el párkinson evoluciona con lentitud y pueden transcurrir años de una fase a otra de la enfermedad. “Al principio, es posible que la persona apenas perciba molestias, ya que la medicación suele ayudar a controlarla”, apostilla la experta.
Actividad física y una alimentación adecuada
El desconocimiento de las causas o mecanismos que desencadenan el párkinson hace que, hoy en día, por desgracia, no haya cura, pero sí existe un tratamiento multidisciplinar orientado a ralentizar su avance y a preservar durante más tiempo la calidad de vida de los pacientes.
Así, de forma simultánea a la medicación pautada por el especialista, y siempre siguiendo sus indicaciones, “puede recurrirse a un tratamiento rehabilitador que fomente la autonomía de la persona, basado en la fisioterapia, la logopedia, la nutrición, la terapia ocupacional o el apoyo psicológico, entre otras disciplinas”, aconseja López de Ocáriz. “Es en este momento cuando resultan cruciales los hábitos y cuidados del día a día, tanto por parte del propio paciente como de las personas o familiares de su entorno cuidador. Además, dado que lo que realmente importa es la constancia, debemos centrarnos en actividades cotidianas que resulten interesantes y agradables para el paciente, con el fin de que poder mantenerlas a largo plazo”, añade.
En este sentido, tanto la práctica regular de actividad física -adaptada a la situación de cada caso- como una correcta alimentación ayudan a lidiar con esta enfermedad, que aumenta el riesgo de malnutrición, pérdida de peso y de masa ósea y muscular.
Como explica la experta de Cinfa, “seguir ciertas recomendaciones como las que suceden a estas líneas puede facilitarnos la rutina diaria y, sobre todo, aumentar la calidad de vida y la autonomía de las personas con esta enfermedad”.
Consejos para convivir y cuidar a una persona con párkinson:
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Haz ejercicio físico. Se recomienda que todos los pacientes realicen actividad física regular, con el objetivo de alcanzar al menos 150 minutos por semana de ejercicio aeróbico de intensidad moderada. El tipo de ejercicio es menos importante que la constancia, y los pacientes deben elegir actividades que les resulten interesantes y agradables para favorecer la adherencia a largo plazo. Si la enfermedad dificulta la práctica de actividad física, esta puede dividirse en sesiones cortas y adaptarla a cada caso. También pueden incorporarse algunos ejercicios o movimientos a rutinas habituales como vestirse o bañarse.
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Practica ejercicios específicos para mejorar la movilidad. Por ejemplo, puede ayudar a mejorar los temblores efectuar movimientos rápidos con la mano mientras mantiene el codo de la extremidad afectada apoyado contra el costado del cuerpo. Igualmente, ejercicios de motricidad gruesa (abrir y cerrar las manos, lavar los platos, colgar ropa, etc.) y fina (aferrar objetos con pinzas, realizar manualidades, abrochar botones…) pueden mejorar la coordinación motora.
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Intenta trabajar la voz y el habla. Pueden ser útiles para mejorar el volumen o fuerza de la voz, cuya disminución es una manifestación frecuente de esta enfermedad. Se puede recurrir a una ayuda profesional con un logopeda. Cuando existan dificultades en la conversación o en la expresión en general, es recomendable mantener una postura relajada al hablar y evitar hacerlo en lugares donde haya mucho ruido. También puede facilitar la comunicación el pensar antes de hablar, respirar correctamente mientras se hace, emitir frases cortas y concisas y leer en voz alta.
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Mantener y promover la vida social. El aislamiento social se asocia con mayor gravedad motora y no motora y con peor calidad de vida. Por eso, es clave incluir en el día a día espacios para practicar las aficiones y pasar tiempo con la familia y amistades, ya que ayuda a evitar el aislamiento y promueve la estimulación cognitiva de manera natural, lo que puede prevenir o retrasar el deterioro cognitivo que, en algunos casos, se asocia a esta enfermedad.
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No descuides la nutrición. Los pacientes de párkinson presentan riesgo de malnutrición y sus consecuencias; por ejemplo, pérdida de peso, pérdida ósea, disminución de la masa muscular. Es recomendable seguir una dieta rica en fibra, mantener una hidratación adecuada y realizar ejercicio regular. Estos hábitos pueden reducir el estreñimiento y mitigar el retraso en el vaciamiento gástrico, ambos frecuentes en este trastorno, y que interfieren con la absorción de los medicamentos y en el apetito.
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Prioriza una correcta higiene del sueño. El párkinson puede dificultar el sueño, por lo que, si esto sucede, trataremos de evitar las siestas durante el día y crearemos un entorno que facilite el descanso nocturno, como mantener el dormitorio oscuro, tranquilo, bien ventilado y con una temperatura ambiental confortable a lo largo de la noche.
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Cuidados más intensos en casos avanzados. Conforme vayan aumentando los síntomas, el paciente tomará mayor conciencia de la enfermedad y requerirá más cuidados en el día a día. Por ejemplo, en las comidas, es mejor optar por alimentos fáciles de masticar y tragar, e intentar comer sin prisas. Beber un sorbo de agua fría antes de comer es un truco que puede ayudar a tragar mejor, ya que estimula el reflejo de la deglución. La higiene postural, con una buena postura al dormir, comer, estar en posición sentada o caminar, también es clave.
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Atención a la acumulación de saliva. Los ejercicios de fisioterapia respiratoria sencillos, como inflar globos, pueden ser beneficiosos para evitar la acumulación de saliva común en casos avanzados. Recuerda tragar saliva con regularidad -sobre todo, antes de hablar- para evitar que se te acumule en la boca. Para eso, también puede ayudar mantener la cabeza en posición alta o sentarse en posición erguida, ya que facilita tragar la saliva automáticamente.
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Claves para evitar las caídas. Con el fin de reducir el riesgo de caídas, que suelen ser habituales conforme la movilidad del paciente se ve mermada, retiraremos de casa alfombras, muebles u otros obstáculos que puedan causar tropezones y evitaremos pavimentos que sean resbaladizos. En el baño, es útil disponer de una banqueta delante del lavabo o dentro de la bañera.
CinfaSalud: el proyecto de educación en salud de Cinfa
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