Ángel Jiménez, vecino del Casco Viejo de Pamplona desde hace más de una década junto a su perrita Nina, de 12 años, atraviesa semanas de auténtico calvario ante la inminente finalización, el próximo 1 de febrero, del contrato de la vivienda en la que reside, sin haber encontrado todavía una alternativa habitacional a su alcance.
Jiménez, de 66 años, cobra actualmente el Ingreso Mínimo Vital con el complemento de pensionista. Con esa cuantía, explica, apenas puede permitirse el alquiler de una habitación, ya que compartiendo gastos con un familiar podría hacer frente a un piso de dos habitaciones, pero encontrar una vivienda en esas condiciones dentro de Pamplona, y con los precios actuales, se ha convertido en una tarea prácticamente imposible.
El vecino denuncia además que le ha sido denegado un apartamento tutelado municipal al que había optado, tras una valoración de dependencia que, según sostiene, se realizó de forma incorrecta. Según relata, en la escala de valoración —sobre cien puntos— se le restaron 5 puntos indebidamente. Convencido de que la baremación no reflejaba adecuadamente su situación, y tras comprobar que el informe aportado inicialmente carecía de validez por no proceder del organismo competente, ha presentado un escrito ante el Defensor del Pueblo de Navarra para solicitar que se inste a revisar su expediente.
Intentos de estafa
A las dificultades administrativas y económicas se suman los intentos de estafa. Jiménez asegura haber sido víctima en varias ocasiones de personas que, aprovechando su necesidad urgente de vivienda, le han pedido dinero por adelantado a cambio de habitaciones o pisos que después resultaban no existir, llegando a interponer denuncia ante la Policía por estos hechos.
Pese a la presión del tiempo y a la incertidumbre sobre dónde vivirá a partir de febrero, Jiménez ha sido tajante al descartar una opción que, según reconoce, es posible: quedarse a vivir de forma irregular en la vivienda que ocupa actualmente una vez finalice su contrato. Considera que no sería justo con la familia propietaria del piso, a la que no quiere causar un perjuicio, y a la que está agradecido, y prefiere seguir buscando una alternativa antes que recurrir a esa vía extrema.
Ante este panorama, el vecino del Casco Viejo hace un llamamiento a la ciudadanía y pide ayuda para encontrar un alquiler justo que le permita seguir residiendo en Pamplona, la ciudad en la que ha rehecho su vida en los últimos años y de la que no quiere tener que marcharse por falta de una vivienda a su alcance.










