¿Pueden los sistemas de ventilación de los edificios contaminar también el aire exterior? Esta es la pregunta que ha guiado la investigación de Robiel Manzueta, arquitecta e investigadora del Instituto BIOMA. Su tesis doctoral concluye que los edificios no solo reciben la contaminación procedente del exterior, sino que también pueden emitir contaminantes al entorno urbano.
La investigadora ha desarrollado una metodología novedosa que permite cuantificar los contaminantes expulsados por los inmuebles a través de sus sistemas de ventilación. Para ello, instrumentó con sensores de alta precisión los principales conductos de extracción de aire en viviendas y aulas, garajes, cocinas y bajantes de saneamiento, para cuantificar las emisiones generadas.
El análisis de Robiel Manzueta comprobó que, además del dióxido de carbono (CO₂), las viviendas expulsan monóxido de carbono (CO), metano (CH₄), compuestos orgánicos volátiles (TVOC) y partículas en suspensión, contaminantes que la normativa actual apenas contempla al diseñar los sistemas de ventilación.
A partir de estos hallazgos, la autora propone el concepto de “exhalación de los edificios”, que entiende los inmuebles como organismos que "respiran": “Los edificios inhalan aire del exterior y expulsan al ambiente gases y partículas generados por la actividad que tiene lugar en su interior. Este nuevo enfoque permite considerar los edificios como una fuente adicional de contaminación urbana y abre la puerta a nuevas estrategias para reducir su impacto ambiental”, afirma.
La investigación concluye que la calidad del aire debe monitorizarse de forma continua, especialmente en los edificios educativos, para adaptar los sistemas de ventilación a los distintos usos de los espacios y proteger la salud de sus ocupantes.
Asimismo, plantea revisar la normativa vigente e incorporar desde la fase de diseño soluciones capaces de reducir las emisiones de los edificios. Aunque la disminución de contaminantes pueda parecer modesta en cada inmueble, la autora destaca que su aplicación a gran escala tendría un efecto significativo sobre la calidad del aire de las ciudades y contribuiría a la mitigación del cambio climático, ya que parte de estas emisiones corresponde a gases de efecto invernadero como el CO₂ y el metano.




