Miles de peregrinos llenaron este sábado la explanada del Castillo de Javier para participar en la segunda Javierada de 2026, una de las citas religiosas más multitudinarias de Navarra. Ante ellos, el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela, Florencio Roselló Avellanas, pronunció una homilía marcada por un mensaje central: perder el miedo a vivir y expresar la fe en público.
Inspirándose en palabras del Evangelio y en una célebre llamada de Juan Pablo II, el prelado animó especialmente a los jóvenes a mostrarse sin complejos como cristianos. “¡No tengáis miedo!”, repitió varias veces durante su intervención, mientras observaba la explanada repleta de peregrinos llegados desde distintos puntos de Navarra, de España y también del extranjero.
Roselló destacó el valor del testimonio público que supone la peregrinación a Javier. Muchos de los asistentes recorrieron decenas de kilómetros a pie durante la madrugada o a lo largo del día, atravesando pueblos y carreteras. “Os ha visto caminar gente que no cree, gente que está en contra de la Iglesia, y no os ha importado”, señaló el arzobispo, subrayando que esa presencia visible es ya una forma de anunciar la fe.
Un lugar que “iguala a todos”
En su homilía, el arzobispo recordó también el significado simbólico del lugar que acoge la peregrinación. El castillo natal de Francisco de Javier —misionero navarro y patrono de las misiones— es, dijo, “la casa de todos”.
En la explanada se reunían personas de edades, profesiones y sensibilidades muy diferentes: familias, jóvenes, religiosos, sacerdotes y laicos. El arzobispo quiso destacar además la presencia de personas que socialmente viven situaciones difíciles, como inmigrantes que aún tramitan su regularización o internos que han podido salir temporalmente de prisión para participar en la celebración.
“Javier nos acoge, nos une e iguala a todos”, afirmó Roselló, quien defendió que la Iglesia debe ser un espacio abierto especialmente para los más pobres y descartados. En un tono cercano, incluso definió la Iglesia como “nuestro chiringuito”, un lugar donde todos tienen cabida y que, advirtió, algunos pretenden “cerrar o silenciar”.
Peregrinar para encontrar luz
A partir de las lecturas bíblicas proclamadas durante la misa, el arzobispo reflexionó sobre la búsqueda interior que impulsa a miles de personas a peregrinar cada año hasta Javier. Como el ciego del Evangelio, dijo, muchos acuden con el deseo de “ver”, de encontrar claridad para su vida.
“Cada uno ha venido con su historia, con sus alegrías y con sus preocupaciones”, afirmó, señalando que Dios “mira el corazón” de cada peregrino y sale a su encuentro.
Para muchos fieles, explicó, Javier se convierte en un lugar de discernimiento, donde tomar decisiones importantes o encontrar sentido al propio camino.
Una llamada a las vocaciones
En la parte final de su homilía, Roselló dirigió un mensaje directo a los jóvenes presentes en la explanada. Recordó que el propio Francisco de Javier dio un paso decisivo al consagrar su vida como jesuita y misionero, y aseguró que este santuario ha sido a lo largo de los años origen de numerosas vocaciones religiosas.
Por ello, animó a quienes sienten esa inquietud a no tener miedo de responder a la llamada de Dios. “¿Alguna vez os habéis preguntado qué quiere Dios de vosotros?”, planteó ante los peregrinos. “Si Dios te pide ser sacerdote o religioso, no tengáis miedo de decirle sí”.
La celebración concluyó entre aplausos y cánticos, cerrando una jornada en la que miles de peregrinos volvieron a convertir Javier en punto de encuentro de fe, tradición y búsqueda espiritual.







